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Actualidad y Perspectivas
de la Bioseguridad en Granjas Porcinas
Mesa redonda |
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El pasado 8 de junio Bayer Animal Health organizó una mesa redonda bajo el título "Actividad y Perspectivas de la Bioseguridad en Granjas Porcinas". A este acto se invitó a representantes de la Administración, veterinarios y ganaderos con el fin de realizar una reflexión sobre la situación real de la bioseguridad en España y extraer una serie de propuestas destinadas a favorecer y promover la implantación de medidas de bioseguridad en las explotaciones porcinas.
Los invitados fueron Lucio Carbajo (Subdirector de Sanidad Animal del MAPA), Vicente Tarancón (GSP Lleida), Mariano Herrero (FEASPOR), Francesc Viñolas (GEPESA - Grupo Vall Companys), Albert Finestra (consultor veterinario), Alberto Quiles (Universidad de Murcia), José Pumariño (consultor veterinario), Pau Antolin (Granjas Buadas) y José Mª Aumedes (NUTRECO). La mesa redonda fue moderada por Aureli Gázquez, responsable de bioseguridad de Bayer Animal Health.
El primer tema que se planteó fue si los datos de una encuesta que realizó una revista del
sector entre sus lectores - donde el 46% de los veterinarios encuestados aseguraba que ninguna de las granjas que
visita tiene en la entrada vado sanitario y el 43% Afirmaba que no disponían de contenedores para recogida de
cadáveres - era una muestra de la situación real en España. Para Vicente Tarancón estos datos
no son suficientes ya que el hecho que exista vado no implica que se utilice. Igualmente lamentó que, con los
recursos informáticos que existen hoy en día, no se puedan cuadrar las pólizas de recogidas de cadáveres con
las explotaciones. En cualquier caso, la bioseguridad es una cuestión de máximos donde uno no se puede relajar
porque el riesgo existe siempre.
José Pumariño constató que existen medidas que solamente se aplican durante la aparición de alertas sanitarias y que dichas medidas son difíciles de mantener en el día a día.
Para Lucio Carbajo el problema es saber si ese 43% actúa porque existe una normativa o por estar concienciado de su necesidad. Las medidas de bioseguridad no deben aplicarse solo cuando haya una alerta sanitaria sino permanentemente. Hay que procurar que los planes de bioseguridad se consideren tan importantes como un plan vacunal, como es el caso de la enfermedad de Aujeszky. Todavía existe en la dirección de las empresas la idea de que invertir en bioseguridad es una pérdida ya que, según ellos, no se "palpan" los resultados".
Para José Mª Aumedes, como especialista en avicultura, la aplicación del Plan Avícola iniciado en el 2007 ha conseguido concienciar al sector. Hoy en día no se concibe una granja de reproductoras que no siga unas estrictas medidas de bioseguridad debido a la gran inversión que está en juego. De igual manera, el sector de broiler también está muy concienciado de dichas medidas aunque tardará un poco más a alcanzar los niveles de las granjas de reproductoras.
Ante la pregunta de cuáles eran los principales puntos para valorar la bioseguridad de
una granja, Albert Finestra lamentó que el sector no fuera capaz de realizar una encuesta epidemiológica lo suficientemente amplia para saber la causa primera de un determinado brote. Ello limita conocer cuales son las medidas más importantes a aplicar. Las enfermedades entran a cuatro patas y ésta debe ser la primera medida de control, es decir, lo primero que hay que controlar es la entrada de nuevos animales. Ve contraproducente exigir un vado sanitario sino no se hace cuarentena. En zonas de alta densidad, donde el factor territorialidad puede afectar a la adopción de medidas, se deben tomar medidas en el entorno.
Alberto Quiles coincide en que la primera medida debería ser diseñar y realizar una encuesta para saber donde estamos. Esta encuesta debería ser realizada por la administración a nivel nacional con un formulario consensuado. En bioseguridad todas las medidas son importantes y ninguna soluciona ella sola el problema. Hay que hacer controles a dos niveles:
- para evitar la entrada del patógeno: control de animales, personas y vehículos
- para evitar la diseminación: delimitar bien la zona limpia de la zona sucia, limpieza y desinfección, todo dentro-todo fuera y manejo en bandas.
Pau Antolin, responsable de producción, ve la bioseguridad más como una serie de medidas de control sanitario. Pide un comportamiento más coherente a todos los agentes que intervienen. Por ejemplo, si un ganadero tiene un problema (disentería, …) en su granja debería avisar a los técnicos para que sea el último en ser visitado. Igualmente, los técnicos a la hora de denunciar carencias en las explotaciones deberían atender las más evidentes e importantes. Por otro lado, la Administración debería ser más flexible. Como ejemplo puso el no alterar la ruta de los camiones de recogida de cadáveres tras aparecer una viremia.
En relación a la recogida de cadáveres, José Mª Aumedes menciona que los contenedores tienden a colocarse donde haya que andar menos y no donde el camión no tenga necesidad de entrar en la granja. En avicultura es básico cumplir las 3 D (desinfección, desinsectación y desratización)
Para Lucio Carbajo no siempre es fácil encontrar el lugar ideal para situar los contenedores pero en cualquier caso hay que elegir la mejor opción posible. En cuanto a la circulación de camiones puso como ejemplo lo sucedido durante la peste en Bélgica y Holanda donde no se paró en ningún momento la recogida de cadáveres.
Para Mariano Herrero, las principales dificultades para implantar las medidas de bioseguridad son tres: poder hacerlas, querer y tener los elementos para poder mantenerlas. El poder hacerlas puede depender de la existencia de estructuras cuyo funcionamiento se asume pero que deberían corregirse, como pueda ser el hecho de que existan solo tres mataderos en España para el sacrificio de desvieje. El querer depende mucho de que exista una alerta, el problema es mantener esa tensión. En cuanto a estructuras, hay granjas muy profesionalizadas y otras que no lo están. Hay que insistir en programas pero también en su aplicación. Resulta imprescindible que exista un flujo ordenado de animales; en los sistemas en continuo es muy difícil mantener la bioseguridad.
Para Francesc Viñolas es importante la ubicación de las granjas, especialmente en zonas de alta densidad. Aunque básicamente es un problema de concienciación. A veces el efecto de las medidas no es evidente, pero aunque el ganadero sea consciente de que hay un punto crítico, como es el caso de la recogida de cadáveres, aún así existen dificultades para su cumplimiento. La bioseguridad necesita una atención continuada y esto limita su aplicación.
Independientemente de la ubicación, Alberto Quiles considera que existen cinco dificultades: el propio diseño de la granja, la mentalidad del ganadero, la falta de tiempo para realizar las tareas necesarias, la inversión económica y la falta de formación. Relacionado con este último punto está lo que se conoce como las "5 íes":
- ignorancia: desconocer lo que debe hacerse
- inexperiencia: no saber cómo hacerlo aún sabiendo que hay que hacerlo
- incompetencia: no hacerlo por falta de habilidad o pericia
- inconsideración: hacerlo sin el cuidado y la consideración mínima
- intencionalidad: hacerlo mal a sabiendas
En cuanto a la inversión económica destaca que por cada euro invertido en bioseguridad se estima que se puede ganar diez euros. O lo que es lo mismo, por cada euro que se deja de invertir se dejan de ganar diez euros.
Tal como señala José Pumariño, las explotaciones de cerdo extensivas son fincas muy extensas donde se realiza un manejo en fases sui generis. Estas dimensiones les permite poder realizar cuarentenas e incluso estar libres de PRRS, ya que la circulación de animales y personas es mínima.
¿Cómo concienciar de la importancia de la bioseguridad? Según la experiencia de Pau Antolin, en reproductoras se intenta que el control sea máximo mientras que en engordes el nivel de bioseguridad es muy bajo. La integración de granjas de cebo limita el poder exigir inversiones ya que los ganaderos pueden amenazar con irse a otras integradoras menos exigentes.
Para José Pumariño hace falta un plan sanitario porcino al igual que el que existe en avicultura. En el plan avícola se detallan los protocolos de limpieza y desinfección, el control de roedores y el uso de medicamentos. Se establece una puntuación y medidas correctoras siguiendo el modelo APPCC. Ello sirve como autocontrol y como apoyo a la supervisión de la administración.
Vicente Tarancón opina que un plan sanitario porcino sería suficiente si todo el sector estuviera de acuerdo. El problema hoy en día es que una granja puede pasar de una empresa a otra; siempre aparece alguien dispuesto a llenar la granja esté como esté. Además, la existencia de contratos donde se cobra por meses no estimula la mejora. Hay muchas cosas que mejorar por lo que, quizás, habría que trabajar por objetivos consensuados con el sector, por ejemplo que este año todas las granjas dispongan de monos limpios.
José Mª Aumedes está de acuerdo en que hay que concienciar a todos, desde el gerente al camionero, pasando por la fábrica de piensos, para alcanzar un objetivo.
Mariano Herrero señala que hay que concienciar pero también ejecutar. El sistema no debe permitir la existencia de granjas marginales. Esto se podía conseguir con acuerdos sectoriales para no llenar las granjas problema. El problema no es concienciar sino hacer cumplir la ley. La administración debería impedir el funcionamiento de granjas de riesgo.
Albert Finestra coincide en que el sistema es perverso ya que granjas con apenas inversiones se encuentran en las mismas condiciones de mercado que otras que sí han hecho esfuerzos de mejora.
El hacer cumplir la legislación, como afirma Pau Antolin, incentivaría la aplicación de medidas de bioseguridad, como está ocurriendo con el plan de erradicación de Aujeszky.
La acción de la administración no es suficiente si no hay colaboración del sector, según Lucio Carbajo. En avicultura se ha conseguido esa concienciación para el control de Salmonera debido al impacto económico que hay en juego. Con Aujeszky se está consiguiendo. Las enfermedades solo se erradican cuando el sector está concienciado de que hay que controlarlas.
¿Cuál es el papel del veterinario en la aplicación de las medidas de bioseguridad?. Los planes de estudio actuales ya incluyen una amplia formación en bioseguridad como destaca Alberto Quiles. El veterinario debe ser capaz de convencer a la dirección de que una mejora en bioseguridad implica una mejora en los parámetros productivos. Y el boca a oreja puede ayudar a extender dicha mejora.
Aunque todos los técnicos conocen la teoría, para Francesc Viñolas resulta básico la formación del personal, el cual es un proceso continuo y largo.
Albert Finestra considera que el veterinario debería ser el árbitro de la bioseguridad. Sin embargo admite que la formación en bioseguridad del veterinario no se aplica en el día a día. Debe ser el veterinario el que tome la iniciativa de convencer al productor de la necesidad de invertir en bioseguridad.
José Pumariño reconoce que el veterinario a menudo no presta suficiente atención - ni dispone de tiempo - para atender las cuestiones más técnicas de la higiene ganadera.
Ante la pregunta de ¿quién es el responsable de la formación en bioseguridad?, Lucio Carbajo y Mariano Herrero se preguntan cuántas empresas disponen de un especialista en bioseguridad o cuántas tienen por escrito un protocolo de bioseguridad específico para cada granja.
En avicultura, tal como indica José Mª Aumedes, los grandes clientes, como Carrefour o McDonalds, disponen de la figura de auditor de granjas - pagados por los propios productores - que realizan auditorías sobre bienestar animal y bioseguridad. La formación es más una acción continuada sobre los trabajadores y el hecho de que el sector esté muy sensibilizado favorece mucho.
Alberto Quiles propone la posibilidad de incluir en los contratos la obligación de cumplir estrictamente las medidas de bioseguridad. Es decir, pagar en función de los objetivos alcanzados.
No obstante, como destaca Francesc Viñolas, es el mercado el que decide. La dificultad radica en que unas empresas puedan exigir y otras no. La formación la debe realizar la administración con apoyo del sector. Aunque parece que haya más sensibilidad en formar sobre bienestar animal que no en bioseguridad.
A continuación se trató sobre la incidencia de las normas de bienestar en la
bioseguridad. Aunque existe una relación directa entre el bienestar animal y la bioseguridad, la
normativa de bienestar apenas menciona la bioseguridad , como señala Alberto Quiles. Solamente el
capítulo relativo al transporte la menciona de pasada. Sin duda, al consumidor final le llamará más la atención
un animal enfermo que no la densidad de la cuadra o si tiene o no paja. La presencia de paja o la mayor superficie
de suelo liso frente a enrejillado favorecen la presencia de patógenos.
Respecto al transporte, para Albert Finestra otros factores que pueden influir son la limitación del transporte a 8 horas y el tener que disponer de puntos de reunión.
La viabilidad de los Centros de Limpieza y Desinfección de camiones
se aventura difícil, según Vicente Tarancón, porque nadie obliga a su uso. La emisión de boletines se realiza
sin ningún control.
Lucio Carbajo admite que solo se busca el disponer del boletín firmado pero, aunque se ha intentado, el control
de dichos centros es muy difícil. Debe ser el propio ganadero el que exija que el camión entre limpio a la granja.
Igual opinión tiene Pau Antolin es decir, un camión vacío debería estar siempre limpio.
A diferencia del transporte de lechones, en el transporte de cebo no se le da importancia a la limpieza, como
señala Mariano Herrero. Para él, el punto de limpieza debería ser el matadero.
En avicultura el sistema es más sencillo, como comenta José Mª Aumedes, ya que los camiones son propiedad de
los mataderos. Por el interés que hay, los camiones salen limpios de los mataderos.
A la cuestión de si en los cebos se debe ser menos exigentes en relación a las medidas de bioseguridad,
Vicente Tarancón respondió que la exigencia debe ser la misma que en maternidades.
Como apunta Mariano Herrero, es triste que una unidad de producción que se vacía cada cuatro meses
se convierta en reservorio.
No obstante, Francesc Viñolas destaca la dificultad en aquellos centros, cada vez más numerosos, con
6.000 u 8.000 cebos. Hay que realizar un plan específico para cada granja en función de los objetivos que
se marque cada empresa. Resulta difícil ser ambicioso en zonas con alta densidad ganadera. Habría
que empezar por lo más básico y disponer diferentes niveles de exigencia.
En cuanto a la relación entre la bioseguridad y su impacto económico,
Alberto Quiles aportó estudios donde con medidas de bioseguridad se incrementaba un 5-7% la GMD y el
IC, mientras que en maternidades se aumentaba a 1,2 -1,3 lechones por cerda.
Para Albert Finestra, una granja difícilmente podrá mantener una alta productividad si tiene
deficiencias en bioseguridad. Las granjas con buenos niveles de bioseguridad sí que son capaces de
mantener buenos parámetros productivos.
Para concluir, se pidió a los invitados cuál debería ser el próximo paso para mejorar la bioseguridad.
José Pumariño destacó la necesidad de incrementar la formación de técnicos y operarios.
Para Alberto Quiles el primer paso es la realización de una encuesta a nivel nacional. A nivel de granja, realizar un protocolo que se caracterice por su sencillez, rigor en la aplicación y que cuente con la participación del trabajador.
El programa de bioseguridad debe estar incluido en el plan de trabajo de las empresas, según apuntó Albert Finestra. Hay que mentalizar al sector, empezar poco a poco y con un objetivo común a todos. Es necesario crear una plataforma sectorial para concienciar sobre la importancia de la bioseguridad.
La realización de las guías de buenas prácticas y buscar un sistema que premie a los que cumplen y sancione a los que no cumplen las normas consensuadas con el sector, son las propuestas que realizó Lucio Carbajo. De la misma opinión fueron Francesc Viñolas y Vicente Tarancón en la necesidad que sea el sector el que marque los objetivos a cumplir.
Finalmente, Mariano Herrero resaltó que alcanzar el status de libre de Aujeszky dependerá del rigor en la aplicación de las medidas de bioseguridad.
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